18.6.06

De acciones y reacciones

El siguiente es el comentario a un post aparecido en un blog de reciente creación. Si lo he puesto aquí es porque me parece que dicho post merece un tratamiento detallado que rebasa en mucho los estrechos límites de espacio y tono que se acostumbran para los comentarios. En todo caso, he dejado allá el enlace para que cualquier persona interesada en consultarlo lo pueda leer aquí.

Éticamente, en efecto, me parece muy coherente
Reaccionar frente a aquello que nos molesta

A. Fernández
.

Se ha creado en días recientes un blog llamado “Aló reaccionario”, cuyos administradores son Andrés Fernández, Paul Franco, Ignacio Alfaro y Eduardo Brenes, señores a quienes no tengo el gusto de conocer personalmente. Ese sitio prometía ser, al menos en teoría, una interesante experiencia de pensamiento independiente. En su post inaugural el señor Fernández, arquitecto de renombre, conferencista y escritor, explicaba: “libertinaje y pensamiento fláccido es todo lo que parece importar, el relativismo universal y un folclórico multiculturalismo se apoderaron de la escena intelectual tiempo ha, para –parece- no querer salir jamás, ahora que lo “políticamente correcto” casi no permite que los seres pensantes llamemos las cosas por su nombres, entre otras cosas porque ya nada es una cosa y ahora todo es una persona o en su defecto un objeto de dignidad

Leyendo esas líneas, yo me preguntaba cómo entendería el señor Fernández lo que enunciaba de modo tan general. Ahora, que nos ha ofrecido un ejemplo concreto de su visión con un nuevo post titulado “Ticos y Nicas ¿Somos qué? ”, su orientación me parece clara. En ese texto el señor Fernández sostiene que no hay legítimas razones para considerar que haya hermandad entre ambos pueblos (es una “hermandad figurada” dice) y más bien se dedica a desvirtuar una iniciativa que se ha hecho para intentar contrarrestar el nefasto círculo vicioso de la incomprensión mutua. Me refiero al concierto realizado hace poco llamado “El canto nos hermana”, propuesta que él califica como “el colmo de lo políticamente correcto y de la hipocresía urbana, académica y progresista”. Pero como las razones que esgrime para sustentar tal opinión se desmoronan como terrones de azúcar en una taza de café ante el menor análisis (sin siquiera endulzarlo), concluyo que, al menos en este caso, su iniciativa ha sido tan infructuosa como un autogol que se ignora como tal, ya que más bien nos ha brindado un bello ejemplo de “pensamiento fláccido”, exactamente contrario de aquel al cual él aspira.

Voy a los ejemplos a partir de las razones que él mismo expone:

1-Las múltiples desavenencias fronterizas. Es cierto, ellas no se pueden negar, pero no hay que confundir esas actuaciones -en parte promovidas por diferentes gobiernos nicaragüenses- con una actitud generalizada de los ciudadanos nicaragüenses (cosa no probada), a menos que se quiera caer en una falacia de lo más burda. Lo curioso es que el mismo señor Fernández dice más adelante: “Y aunque esas diferencias no deben llevar a tensiones ni a agresiones, lo cierto del caso es que llevan años explotándose así por parte de los distintos desgobiernos nicaragüenses para desviar la atención de sus problemas internos, reales o latentes, en contra nuestra: de nuestros gobiernos, de nuestro suelo, de nuestro pueblo y de nuestros intereses”. Entonces, puesto que él mismo lo ve así: ¿Cuál sería el pecado de una iniciativa que precisamente pretende contrarrestar esa sucia campaña de descrédito y sus nefastos efectos en nuestro país mediante un mejor entendimiento entre los ciudadanos de ambas naciones? ¿Es un crimen querer pasar de una “hermandad figurada” a una más efectiva mediante algún tipo de manifestación artística? Sin duda es un mero gesto simbólico, pero los símbolos también cuentan en los terrenos de la fraternidad y la amistad. Para nadie son un secreto las barbaridades de corte xenófobo y racista que se dicen en la calle con relación a los nicaragüenses (y en Nicaragua con respecto a nosotros también, es cierto)… Yo las he oído y me atrevo a suponer que el señor Fernández también. Pero precisamente, esas enormidades merecen más bien una campaña aún más enérgica que lime asperezas de ambos lados de la frontera y nos acerquen, sino como hermanos, sí por lo menos como gentes civilizadas capaces de amistad y de tolerancia reciproca. ¿Por qué en vez de hacerle el juego a aquellas formas de reacción visceral y de atizar el fuego de las pasiones con un discurso reductor, no utiliza el señor Fernández su intelecto y sus conocimientos para iluminarnos con una posición más ponderada, sabia y propositiva? Misterio. Más exacciones seguirán viviendo los pobladores de las zonas fronterizas de nuestro país y más sufrirán los nicaragüenses en Costa Rica si no se pone un alto ya, por todos los medios que se puedan: diplomáticos, mediáticos, simbólicos, etc. a ese creciente malestar que nos corroe y nos separa. Es dentro de ese contexto que yo entiendo la campaña pro-hermandad que se está haciendo.

2-“La historia nos separa (…) Costa Rica y Nicaragua son muy diferentes” dice el Sr. Fernández. Sí claro. Obviamente cada país tiene su historia particular, del mismo modo que los hermanos viven sus propias vidas de forma independiente. Pero esa constatación no califica como justificación para desacreditar los esfuerzos que se realizan para construir puentes entre las poblaciones de ambos países, más allá de las actuaciones (acertadas o no) de sus respectivos gobiernos y de las vicisitudes históricas. Y tampoco puede hacer olvidar que ambas naciones han compartido muchísimas cosas -buenas algunas y otras no tanto- y que ese sólo hecho podría servir de base a un mayor acercamiento y diálogo, tanto más necesarios cuanto profundos sean los problemas.

3-Dice el señor Fernández: “Qué fácil cantar desconociendo el canto de la realidad, de la pasada y de la presente ‘hermandad’, donde un hermano es el que gana y otro el que pierde siempre”. Dentro de esta perspectiva él ve al costarricense como el hermano perdedor y al nicaragüense como el ganador, en la medida en que éste disfruta de nuestras conquistas. Pero esa frase retórica, que algunos ingredientes ciertos podría tener (casos de abusos de nuestra seguridad social por ejemplo.), no debe hacer olvidar el tenebroso canto de la trágica realidad que han vivido los nicaragüenses desde hace por lo menos 75 años. Pueblo que lo ha perdido casi todo mientras que nosotros, dichosamente, hemos ganado muchas cosas gracias a la sabiduría de algunos gobernantes y al fruto de nuestro trabajo realizado en condiciones más propicias, pero no siempre gloriosas. Esa posición ventajosa que por momentos es la nuestra, debería más bien servir de trampolín para propulsar iniciativas que tiendan a mejorar las cosas allende nuestras fronteras, porque lo queramos o no, los nicaragüenses seguirán siempre estando ahí y nos conviene tener con ellos las mejores relaciones posibles. Nuestro bienestar estará, ad aeternam, en mucho condicionado por el de ellos.

¿O será que el frío racionalismo del señor Fernández se riñe con la calidez de la solidaridad? En su post inicial él escribe: “Si me eliminan las escalas, los parámetros, las valoraciones y los juicios de valor que han regido históricamente a las sociedades cohesionadas, para imponerme la relativización disgregadora y a-social del “todo se puede”, tengo que reaccionar y reacciono restableciéndolos en mi vivir y en mi discurso frente a los demás, estimulado a hacerlo por la estupidez circundante y circunstante del mundo presente, donde lo que parece que fue abolido es la racionalidad”. Lástima que en ningún momento parezca ver en el mundo que lo rodea algo más que una supuesta estupidez que le estaría engullendo SU mundo como una planta carnívora de film de serie B de los años 50, y sobre todo es de lamentar que no llegue a preocuparse por la progresiva desaparición de ese ingrediente clave para comprender la hermandad fuera del racionalismo: la solidaridad. ¿Qué será del mundo si esa virtud, de por sí hoy deficitaria, queda también abolida?

Entiendo que lo que le pueda disgustar al señor Fernández de esa campaña, no sea tanto la campaña en sí, sino la actitud hipócrita que eventualmente algunos podrían tener (no sé cuáles ni él los menciona) al tender su mano a los nicaragüenses pero desde largo, sin vivir a su lado las asperezas de su vida cotidiana, que son muchas y aprovechándose de ellos cuando conviene. Si es eso, puedo incluso suscribir esa parte de su discurso; pero jamás avalaré aquella que en vez de acercar, distancia y vitupera; aquella que en vez de accionar prepositivamente, reacciona con un repliegue nacionalista, tal como una tortuga dentro de su caparazón; aquella que no imagina la solidaridad posible entre vecinos y se cantona en la defensa bravucona de una cierta idea apolillada de Costa Rica de "mirame y no me toqués", más propia de la colección de cristalería de la abuela.

Un poco al margen, pero no tanto:

Aunque no formo parte de la organización de ninguna campaña ni evento, ni asistí al concierto, sí respaldo la intención y comparto la meta que se quiere alcanzar. Por ello, y porque creo que todo ser humano merece respeto, expreso aquí mi simpatía hacia sus organizadores y promotores, en especial hacia aquellos que han sido atacados mediante anónimos en el blog de “Aló reaccionario”. Sin duda ganaría altura y propósito esa bitácora, si los comentaristas se abstuvieran de esos bajos recursos porque no hay “libertinaje” mayor ni mejor muestra de “pensamiento fláccido” (precisamente cosas contra las cuales sus administradores pretenden reaccionar) que agredir mediante insultos proferidos tras la careta del anonimato, como si fuesen equivalentes internáuticos de los maleantes enmascarados que asolan nuestras calles. Visiblemente lejos estamos de la época cuando existía la ética cibernética. Es curioso que el señor Fernández que muestra sensibilidad hacia nuestros valores tradicionales y que considera ético reaccionar frente a lo que le molesta, no haya puesto en su lugar a esos individuos y más bien se haya dedicado a bromear (?) acerca de una venta de camisetas como respuesta a los comentarios, muchos reprobadores, que ha recibido. ¿Será acaso que la actitud descortés de esas personas lo tiene sin cuidado? ¿Será que los toma como su banda personal de "guardias republicanos"? Espero que no. Sería ya no solo incoherente con las reglas que él mismo ha planteado para su blog, sino también poco "estético", para no decir indecente.

Algo más y muy pequeño aquí.

2 comentarios:

Ana Beatriz dijo...

Eugenio, no perdás más tiempo en ese señor...lo que él hace es una "retórica" maltrecha y aburrida. Pretende ser el Oscar Wilde de la Suiza centroamericana (en todo sentido) y bueno ya muchos nos dimos cuenta que no lo es, ni por asomo.
Es como un Macabrus (¿o Marca bus?)
Mejor seguí con tus cosas como Cosas de Jota, sitio genial y lleno de sentido.
Un abrazo,

Quimera dijo...

¡Qué gusto tenerte por acá! aunque no sea precisamente en el post más agradable.

Tal vez por deformación profesional o por candidez mía tiendo a otorgarle a las personas eso que en leyes se conoce como "el beneficio de la duda". Respondí porque algo muy dentro de mí no podía quedarse de brazos cruzados y creía posible un debate de mayor altura. Respondí más aún viendo que el referido se iba por las ramas. Hasta que finalmente he tenido que rendirme a la evidencia de una certeza absoluta: tenés perfectamente razón. Dedicarle más palabras a ese señor o a sus acólitos no tiene mayor sentido...

Como sugerís seguiré adelante con mis asuntos y muchas gracias por tu apreciación sobre Cosas de Jota.