4.1.08

Los alisios y la mala pata

Si la ciudad tuviera cabellera, estos días andaría toda despeinada y enredada como después de una noche agitada. Y es que el efecto de las turbulencias causadas por los alisios no es deleznable: Árboles caídos, ramas desgarradas, jardines y cultivos convertidos en zona cero, latas de zinc levantadas como las enaguas de Marylin Monroe, cortes de electricidad en ráfaga, y una sensación térmica de frío acrecentada que nos hace buscar las cobijas y su contenido.

En casa la sombrilla de jardín, a pesar de estar cerrada y anclada a una base pesadísima, se volcó por efecto del vendaval y un cuadro macizo que estaba sobre una puerta se vino al suelo como una espada de Damocles. Por dicha no había nadie abajo, pero degolló la cerradura. Además, por las noches resulta difícil conciliar el sueño, porque aquí el viento en verdad aúlla.

Tal vez fue ese mismo viento indómito el que me empujó anteayer mientras jugaba una inocente “mejenga” de fútbol e hizo que se me doblara el tobillo. Mientras me derrumbaba como un castillo de naipes puede sentir... ¡Y hasta oír!... que mi rodilla izquierda hacía crac. Estuve un buen rato berreando en el piso del dolor y retorciéndome como una babosa malhablada a la que se le echa sal. Ya hace unos diez años me había pasado algo similar, justamente un primero de enero. Solo que esa vez la afectada fue mi rodilla derecha y no caí sobre el verde zacate tropical, sino sobre la acerada nieve normanda. En aquella ocasión terminé en el hospital y durante tres semanas no pude caminar sin muletas. Esta vez todo ocurrió un dos de enero, y los efectos de la lesión son mucho menos severos. De hecho puedo caminar aunque renqueando un poco. Sin embargo, mi madre, quien es fisioterapeuta, me aconsejó someterme a una terapia porque mi rodilla quedó muy frágil y en cualquier momento podría sufrir una nueva y más grave lesión.

Definitivamente empecé el año con el pie izquierdo... como corresponde al zurdo que soy. Lo único bueno es que como consecuencia de mi calvicie ya el viento no puede despeinarme, aunque sí volarme el chonete.

3 comentarios:

phiblógsopho dijo...

Un día de estos - que decís - casi salgo volando por la fuerza del viento (no bromeo). Y anduve persiguiendo un billete como por cien metros...

Un saludo de principio de año, Eugenio. Te deseo un feliz ritmo de posteo...

Julia Ardón dijo...

cuídese, Eugenio.
A ver si pinta mejor el año.
;)

Quimera dijo...

Jaja Jethro, ya me imagino tu carrerón detrás del billete. Muchas gracias por tus buenos deseos. Ya veremos si algo así se da o si tiro la toalla. En todo caso te deseo todo lo mejor.

Gracias Julia, dichosamente con la primera terapia ya ando mucho mejor.