11.5.06

Cuatro Nobeles en citas

Confieso que casi todos los días leo La Nación. Y no lo hago para tomarme como santa palabra lo que ahí se escribe, sino para analizar y estudiar los mecanismos de formación (y deformación) de opinión, ya que no se puede negar el papel que juega (¡y gasta!) ese periódico en nuestro medio y a ese respecto. Ayer, recorriendo sus páginas, me llamó la atención que se citaran las declaraciones de cuatro premios Nobel de la Paz, tres de ellos nada menos que en nuestro país. El primero, Lech Walesa, habló frente a los estudiantes de la Universidad Nacional de la necesidad de una tercera vía que no sea el comunismo ni el capitalismo y pidió una “revolución” para fomentar valores (¡buena Lech-e!). Específicamente dijo: “si no creamos un hombre con alma y conciencia, no vamos a crear un sistema mejor al actual”. Todo mi apoyo a condición de interpretar esto como una revolución espiritual, porque siempre he creído que la verdadera revolución viene de adentro, que la tercera vía no es primero hacia fuera de sí, sino hacia el interior y de ahí nuevamente hacia fuera en un constante ir y venir muy dialéctico. Proceso que además no tendría que ver necesariamente con ninguna religión, aunque la budista sea de toda mi simpatía.


El segundo Nobel, o más bien la segunda, es Rigoberta Menchú. Ella dice que los Nobeles afrontan problemas de censura y dificultades para expresar sus opiniones. Mmm, no creo que ese problema lo tenga mucho Oscar Arias. Luego se refiere a las causas de la poca participación de los indígenas en el poder en Guatemala: “Donde todavía no logramos permear es en los partidos políticos, porque para tener un partido casi hay que comprarlo” Ah sí, ¿Comprarlo? y ¿Dónde los venden? / Noo, sáquese esa idea, no se trata de eso, no hay supermercados de partidos y tampoco vienen en cajita, lo que ocurre es que “antes los partidos eran la viabilidad de la organización para acceder al poder pero ahora son negocios de empresarios muy ricos y eso nos deja sin participación. Lo mismo sucede en el resto de América”. Ah ya, por algo decía yo que veía cierta similud con algunas cosas que se dan en nuestro país. Termina Rigoberta Menchú expresando su deseo de que en Costa Rica deje de negarse la diversidad diciendo que los indígenas ya no existen o se incorporaron (a la forma de vida del resto de la ciudadanía supongo): “tiene que acabar esa forma de presentar a los pueblos indígenas y mucho menos presentarlos de una manera folclórica”. “Es necesario que ellos no sean más un objeto de exhibición de diversidad natural como si fueran loros o una especie de animal y que tengan plenos derechos”. Perfectamente de acuerdo. Espero no haber caído en eso a la hora de filmar los rituales que un grupo de indígenas bribris vinieron a realizar al Parque Nacional con motivo del equinoccio el 20 de marzo pasado. Sin embargo, tampoco se debe caer en una especie de sobre-proteccionismo y paternalismo que los concibe como si fueran animalitos en vías de extinción o poblaciones que no deben ni siquiera interactuar con otras comunidades para no contaminarse de no sé qué plagas contemporáneas, por lo que se les tiene esterilizados y confinados en reservas indígenas.


La tercera cita es de Shimon Peres, viceprimer ministro israelí. Desde Jerusalén él amenazó con “aniquilar” a Irán en caso de ataque militar. Como sus declaraciones tuvieron gran impacto puntualizó: “dije que todos los que amenazaban con aniquilar corren el riesgo de verse aniquilados”. Caray, no sabía que los Nobeles de la Paz se enfrascaban en escaladas verbales haciendo uso de semejantes términos. Evidentemente este señor no tiene problemas ni siquiera con la autocensura (como tampoco los tiene el mandatario de Irán). Estas cosas dan miedo. Para quitarme el mal sabor de boca prefiero devolverme unas páginas y releer algo que había dicho Rigoberta Menchú: “El tesoro más grande que tengo en la vida es la capacidad de soñar. En los momentos más difíciles y en las situaciones más duras he sido capaz de soñar con un futuro más hermoso”.


El cuarto Nobel, es nuestro Oscar Arias. Su cita se refiere a la casa presidencial. Simplemente dijo “no me gusta mucho”, pero “ciertamente muy pronto (nos) vamos a pasar a Zapote”. Ah, qué bien, al menos no es de entrada al CENAC. Pero ahora que lo pienso, tal vez no le gusta aquel lugar para que después no le puedan decir, como seguramente se está diciendo Abel Pacheco, que “hasta a la mona más mona se le cae el zapote”.


Bueno, pero qué podría yo concluir de todo este “citatorio”. Tal vez sencillamente que los Nobeles después de todo son humanos y no semi-dioses olímpicos y que lo que dicen o piensan puede ser tan elevado o pedestre como lo que los no-Nobeles y no-nobles podemos llegar a cogitar y manifestar en un determinado momento.

1 comentario:

julia dijo...

Exacto!
Nadie es más que nadie.