1.1.07

Mi tabú

Me niego a localizarlo y verlo en internet porque me parece que de hacerlo estaría refrendando y completando de algún modo, desde mi modesta posición ciudadana, el horrible propósito que tuvo algún testigo de la ejecución de Saddam Hussein al filmarlo con su teléfono celular y poner la integralidad de su ahorcamiento en la red.

Nadie debería nunca ver la ejecución de ningún hombre, así sea el peor de los criminales. No solo se trata de decir NO a la pena de muerte, sino también a la banalización de sus imágenes. Hay tabús que tienen todo el sentido de existir y para mí este es uno.

5 comentarios:

julia dijo...

Correcto.

Ayer me pasó algo muy feo, vieras, Eugenio...estuve en una fiesta donde un muchacho de apenas 22 año, que trabaja para el OIJ dijo estar convencido de que la pena de muerte tenía sentido, que él deseaba poder matar a más de una persona, que él sí tenía vocación de verdugo, que sería felíz matando, que la tortura se la merecían muchas personas.
Confieso que me quedé muda.
No supe qué decirle.
Vi un muchacho lleno de odio, de miedo, me dio miedo este muchacho...es un costarricense, trabaja para la policía judicial, es joven...
Cuando llegó la hora del año nuevo le di un abrazo...luego lo vi "jugando" de apresar a mi hijo.
Hoy hablé con Carlos Luis del asunto.
Me asustó.

Francamente.

Sentí el germen del odio y del fascismo muy de cerca.
Y es el hijo de una amiga muy querida.

Vieras qué feo. Me dolió ver que a su madre todo lo que el muchacho dice le parece muy normal.

Quimera dijo...

A mí, más que miedo, lo que me provoca ese tipo de discurso (que es más corriente de lo que uno piensa) es una mezcla de tristeza y asco. En reacción a ello a veces callo y otras no. Depende de mi valoración sobre la oportunidad y pertinencia de decir algo.

Desgraciadamente estoy convencido que el problema tiene raices muy profundas ya no solo en la historia individual de quienes tienen esa forma de pensar, sino también en nuestra historia global como sociedad. Y tampoco me cabe duda de que hay una íntima relación entre esas raices y otro tipo de manifestaciones que vemos en personas que nos parecen más "normales" o adaptadas. Me refiero, por ejemplo, a la mezcla de cinismo y pesimismo detectable incluso en mucha gente considerada pensante. Hasta en este mundillo de los blogs noto con cierta frecuencia ese mal.

¿Qué hacer? Bueno, seguir adelante defendiendo otros valores y luchando de mil modos para hacer que la gente los entienda. Pero sin caer en la ilusión de que vamos a ver grandes transformaciones. Eso solo se logra con el trabajo de muchas generaciones.

Naty dijo...

Totalmente de acuerdo, Eugenio.

Seguí su discusión con Xtian en el FUsil, y claramente estoy muy a favor de su opinión. Este tipo de discusión la tuvimos muchas veces mis compañeros periodistas y yo en las aulas de la UCR, y como en todo tema ético, pues siempre hubo de todo.

Sin embargo, yo personalmente concuerdo con vos en que el hecho de que otros publiquen no justifica que yo publique algo que no creo que deba difundirse, sobre todo cuando se trata de la dignidad de un ser humano. El rating o las visitas no lo son todo. Es muy mediocre buscar lo más fácil para atraer público.

Saludos. A ver cuándo te escribo para hacer algo sobre JGM en RedCultura.

Naty dijo...

Aclaro nada más que lo que escribí no tiene nada que ver con los motivos de Xtian para publicar eso. Hablaba en general de los medios de comunicación.

Quimera dijo...

Supongo, Naty, que esa discusión es moneda corriente en las aulas de cualquier escuela de periodismo y evidentemente unos opinarán de un modo y otros dirán lo contrario.

Pero para el caso que nos ocupa, que es un caso real y no una simple discusión teórica, me alegra saber que alguien concuerda conmigo y además que se trata de una periodista.

Parte del problema está, imagino, en que a la gente le cuesta meterse en la piel de su prójimo. Muchas veces escuchamos críticas al "amarillismo" del periódico Extra por ejemplo. Pues bien, yo no veo mucha diferencia en cuanto al aspecto ético entre ese amarillismo y difundir el video de la ejecución de Saddam. Pero como decía, si los que hacen esto último imaginaran un segundo ser los hijos o hijas, la esposa, el padre o la madre de ese personaje, doy por descontado que pensarían diferente, porque les importaría ante todo el resguardo de su dignidad. Claro que quienes no tienen nada que ver con el ejecutado y no hacen el ejercicio de ponerse en su lugar o en el de sus allegados, tienden a ver más la otra cara de la moneda (el lado macro) y a pensar que todo se justifica en el hecho noticioso, en el sacrosanto derecho de información, que finalmente no es más que un derecho entre otros que lo contrabalancean.

Pero también pienso que en el caso específico de la ejecución de Saddam, quien filmó el video pudo perfectamente haber tenido intensiones aviesas, haber querido aprovechar los insultos y los que se dió para atizar el fuego del conflicto sectario, algo que para mí terminaría completamente de viciar el cometido.

Por lo demás, con mucho gusto estoy dispuesto a cualquier colaboración en relación a JGM. Muchas gracias.