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20.7.09

Anécdota satelital


El hecho es de sobra conocido: Hoy hace exactamente cuarenta años el hombre llegó a la luna (o se dice). Lo que es menos recordado es la historia de la primera mujer en hacerlo. Tal vez algunos ya conocen la anécdota, pero yo - que ando en la luna la mayor parte del tiempo… o afectado por ella- hasta hoy me enteré gracias a un instructivo documental de History Channel.

Fue en noviembre de 1969 -apenas unos meses después de que Armstrong dijera su célebre frase al pisar la bola de queso- que la primera mujer llegó a los dominios de Selene a bordo del Apolo 12. Pero a diferencia de sus compañeros de vuelo, no lo hizo en forma física, sino simbólica, como imagen fotográfica. Y no se trataba precisamente del retrato de una recatada dama -esposa o novia, madre o hija- de alguno de los valientes astronautas que tripularon esa misión. No, era más bien la fotografía de una abnegada conejita de Playboy, mostrando impúdicamente su gran trasero no solo a la cámara sino, literalmente, al universo entero. Y tan hermosa era que hasta el sol se paraba... ¡a verla! Pero, bajo ninguna circunstancia, esto debe tomarse como prueba de que la mujer puede sobrevivir en el espacio sin esas pesadas escafandras con que solemos ver a los astronautas, matapasiones y poco sexys.

Si tan importante acontecimiento se mantuvo hasta ahora en reserva, fue únicamente por la discreción del cosmonauta que lo descubrió y que temió un gran escándalo si el asunto se daba a conocer públicamente. ¿Que "descubrió"? Es correcto, no fue que él decidiera llevar la foto al espacio, sino que algún bromista en tierra, posiblemente sin conciencia histórica de lo que estaba haciendo, la pegó a hurtadillas al interior de su bitácora de vuelo. Pero la edad trae un desenfado muy saludable y por eso el héroe galáctico, ya anciano, decidió ahora contar el cuento de la primera mujer en la luna.

Desgraciadamente no sabemos el nombre de esta pionera espacial tan especial. Pero sería justo que quedara registrado en los anales de la historia (Ojo… aquí la palabra “anales” nada tiene que ver con "trasero"). Y no solo eso: En esos mismos libracos debería también consignarse solemnemente que, aún antes de internet, esa fue la primera imagen erótica (no creo que llegue a pornográfica) en orbitar la tierra y penetrar millones de kilómetros en las profundidades del espacio. Claro, hasta prueba en contrario, ya que nunca se sabe qué han llevado los astronautas en sus mochilas para engañar la infinita soledad cósmica.

23.6.09

Juicios históricos

La Historia (así con H mayúscula) no absolverá ni condenará a nadie, porque la Historia no juzga… Son los hombres, y ellos rarísima vez se ponen de acuerdo.

9.6.09

Historia de la Cobardía

Alguien debería emprender algún día la escritura de una "Historia de la Cobardía"... de todas las ideas cobardes -muchas a no dudarlo- que han modelado a lo largo de los siglos nuestro mundo. Quizás de ese modo destaquen por contraste las ideas valientes y tal vez hasta encontremos o veamos mejor la clave de muchos de nuestros males actuales.

14.5.09

La persistencia de Venus

No hay ninguna relación causal, material o situacional entre ésta figura prehistórica recién descubierta, conocida como la Venus Europea (hasta el momento la figura humana más antigua que se conozca):


y ésta otra Venus:

Los pechos más grandes del mundo
Los pechos más grandes del mundo


Desde ese punto de vista una no tiene estrictamente nada que ver con la otra. Sin embargo, como observadores, sí podemos establecer una relación simbólico-conceptual-emotiva y hasta podemos inscribirla dentro una línea de tiempo de cuarenta mil años. Esta relación expresa a la vez la continuidad y la relatividad de ciertos fenómenos y valores. Continuidad, porque hoy como ayer hay tipos humanos característicos que siguen existiendo, mientras que la relatividad viene dada por las reacciones que suscitan: Si el hombre de las cavernas expresaba su fino sentimiento esculpiendo estatuillas a la fertilidad, el hombre (y la mujer) modernos se complacen en expresarnos una extraña mezcla de misericordia y de repulsión frente una persona con tales características. Por nuestra parte nos limitaremos a decir que los comentarios que se encuentran en dicho vídeo nos parecen absolutamente insufribles y lamentables, no solo por la forma como llegan a pisotear la dignidad humana, sino también por su burda estupidez. ¿Por qué sentirnos entonces tan superiores a los cavernícolas cuando las cosas parecen suceder más bien al revés?

1.12.08

Achacoso

Hoy he tenido un dolorcito aquí en el pecho... creo que me duele Sandino.

10.11.08

Historia de una extorsión

El mejor artículo sobre la génesis y los intrígulis del decreto que dio luz verde al controvertido proyecto minero Las Crucitas, se le debe, en mi opinión, al abogado ambientalista José María Villalta. Aunque algo extenso, el artículo es de lectura obligada para quien quiera conocer en detalle los desmanes imperiales que hemos enfrentado como país y la posterior genuflexión gubernamental en este caso. Y pensar que esto es solo son la punta de lanza de lo que se nos viene con el TLC.

31.10.08

Lo único que hoy ha contado para mí

Exactamente hoy hace cincuenta años murió mi abuelo Don Joaquín García Monge (ya lo había anunciado antes en este blog). Por eso se le han rendido algunos homenajes (no los suficientes) y por eso también últimamente han aparecido varias novedades en Cosas de Jota, el blog que le dedicamos. Si alguien pasa por aquí más bien lo invito a acercarse por allá. Nuevas cosas aparecerán en los próximos días también.

21.10.08

Milan Kundera o la ofensa del silencio

A mí, como a muchos admiradores de la obra literaria de Milan Kundera, nos sacudió una triste noticia que hace pocos días le dio la vuelta al mundo: En un recientemente descubierto reporte de policía de 1950, Kundera aparece como un delator, como un traidor. Tan terrible acusación obligó al escritor a romper un silencio mediático de veinte años para desmentirla.

Uno trata de recibir sus palabras con confianza, pero algo ya no es igual, algo ha cambiado, la sombra del descrédito ha caído sobre su persona.

Dichosamente, hace pocos días "Le Monde" publicó un conciso pero, a mi juicio, acertado texto de la dramaturga Yazmina Reza que trata de poner las cosas en su lugar. Lo he traducido directamente del francés para este blog. Luego, que cada cuál se forme su criterio.

Milan Kundera o la ofensa del silencio

Por Yazmina Reza

Difícilmente se le perdona a un hombre el ser grande e ilustre. Pero todavía menos, si reune esas cualidades, el ser silencioso. En el imperio del ruido, el silencio es una ofensa. Quien no acepte exponerse, o participar en cualquier forma de contribución pública más allá de su obra, se vuelve una figura incómoda y un blanco por excelencia.

Milan Kundera se ha expresado plenamente en su obra. Ha hablado de él, de su vida, en fragmentos, habitando personajes inventados (los “egos experimentales”), examinando la dificultad humana y buscando una salida a ella. Jamás ha cedido al requerimiento tácito que pretende convertir al escritor en un guía, en un filósofo (todos sus ensayos son cuestionamientos), en un historiador, o de forma más perniciosa, en un hombre que deba rendir cuentas.

El hombre Kundera se mantiene, solitariamente, al lado de su obra, huyendo de lo que él llama el evento: “¿Qué es un evento? Una actualidad tan importante que llama la atención de los medios. Ahora bien, uno escribe una novela no para crear un evento sino para hacer algo durable”. Y he aquí que un documento, un reporte policíaco de 1950, del cual nadie es capaz de garantizar su autenticidad, exhumado sesenta años después de los hechos que relata y que comunica a los cuatro vientos, viene a imponerse trágicamente bajo la forma de un evento.

“He sido totalmente tomado por sorpresa por esta cosa -dice él- que yo no me esperaba para nada, de la cual todavía ayer no sabía nada, y que no tuvo lugar”. A mí me conmueve mucho esta forma poco diestra de la frase, que engloba en la palabra “cosa” a la vez la publicación de ese reporte policíaco y el hecho del cual se le acusa. Pero hay algo que sin embargo sí tuvo lugar. Lo que tuvo lugar, es el inconsecuente estallido de pólvora mediático, la ambigüedad de algunos titulares, el horrible condicional (“habría denunciado”), todavía más pernicioso y acusador que una afirmación, lo que tuvo lugar es la introducción de la duda, el descrédito, la sombra súbita que cae sobre una vida y una obra excepcional.

Y, sobre todo, es la razón de estas líneas, la impotencia absoluta de un hombre frente a tal avalancha. Él no tiene a su alcance ninguna respuesta posible. A partir de la negación original, el tomar la palabra no serviría más que para alimentar la mecánica acusatoria. Se puede barrer en treinta segundos la vida de alguien con la buena consciencia de hacer su deber y su oficio.

No ha habido ninguna investigación seria, y a menudo ninguna precaución en la difusión de una información que hay que tomar con cautela. Las palabras son parte de lo real. Pronunciadas o escritas, ellas toman caminos imprevistos que pueden ser destructores. Habría que detenerlas a tiempo.

8.1.08

La paradoja de Galeano

Eduardo Galeano, en un artículo publicado en La Jornada de México, nos ofrece un avance de su nuevo libro llamado "Espejos" (que nos promete para muy pronto), donde se propone contar grandes paradojas de la historia de la humanidad.

El texto, como es habitual en Galeano, está lleno de datos inauditos y de agudas observaciones que son un deleite. Lo paradójico con este autor es que pretendiendo hablarnos de la historia global, finalmente solo nos pinta una parte. A mí me hubiera gustado que también hablara en su artículo de las grandes paradojas de diferentes culturas autóctonas y del comunismo por ejemplo (que sin duda las hay y muchas), o que así como nos ilustra sobre los grandes inventos de los chinos también nos dijera cómo se construyó la Gran Muralla y el costo humano que eso tuvo. A todas luces la historia de la humanidad ha sido una historia bastante sangrienta y a menudo ha habido episodios muy lamentables para donde quiera que se mire, sin distingos de ningún tipo. Por ello encuentro que aunque Galeano pretenda contarnos la historia humana desde el punto de vista de "los que no salen en la foto", su encuadre es parcial y en su foto siguen habiendo muchos olvidados.

En fin, a pesar de estas deficiencias de todos modos recomiendo su texto porque, al menos lo que cuenta, vale la pena conocerlo. Por lo demás, quedamos a la espera de que se publique su libro que tal vez abunde en otros aspectos de forma más equilibrada.

5.12.07

La mascota

Como habrán notado si vienen por este blog con cierta regularidad, de vez en cuando traduzco del francés algún texto que me resulta interesante y lo hago porque quisiera compartirlo con quienes no leen en esa lengua o lo hacen con dificultad. Por lo general son artículos de Le Monde, periódico que suelo leer en su versión digital. Esta vez encontré en él una historia que tiene que ver con la segunda guerra mundial y que encuentro particularmente conmovedora.

La mascota de un regimiento de SS lituano

Un anciano rememora su vida en su pequeña casa de Melbourne, Australia. La emisión “Siete a ocho” contó su destino singular el domingo 2 de diciembre por TF1. Es un niño judío que tenía seis años cuando los alemanes entraron en 1941 en su pueblo, en Bielorrusia. “Agruparon a todos los hombres y los ejecutaron. Mi madre me dijo: “tu padre fue fusilado”. Luego ella me tomó en sus brazos y me dijo: “Mañana vamos a morir todos”, se acuerda. Pero él consigue huir. Desde lo alto de una colina logra ver a sus tías, a su madre, a su hermano y a su hermana muertos en el piso. La matanza dura un día entero.

El niño erra luego durante un mes en el bosque, mendigando pan en los pueblos y despojando cadáveres para vestirse. Finalmente es arrestado por un regimiento de SS lituano. Un soldado se apiadó de él, tal vez porque con sus rizos rubios se parecía a un pequeño lituano. El niño le pidió no revelar a nadie que era judío. Se convierte entonces en la mascota del regimiento, figura en films de propaganda donde se le ve sonriente hacer el saludo nazi. El encera las botas de los soldados, les lleva de beber, va a buscar para ellos fresas salvajes en el bosque.

Una foto suya con pequeño uniforme del ejército alemán es todo lo que le queda de ese pasado. Se baña apartado de los otros para no mostrar que es circunciso. A cada instante teme que la verdad sea revelada. “En esa época yo no podía ir a acostarme sin llorar”, dice. “No fui a la escuela. No tuve familia. No tuve infancia”, añade. Al final de la guerra el soldado que lo había rescatado lo confía a una familia lituana. A los 15 años emigra hacia Australia, donde se casa y tiene tres hijos. Durante todos esos años él dijo solamente que era huérfano.

Y luego, tarde en su vida, decide contar su historia a su hijo mayor. “Siempre quise volver a Bielorrusia para depositar flores en la tumba de mi madre. Pero yo no sabía dónde estaba esa tumba. Ni siquiera conocía mi apellido. Solamente me acordaba del nombre de mi poblado”, dice. Cuando por fin hizo el viaje, descubrió que su verdadero nombre era Ilya Galperin y que su padre no fue ejecutado como pensaba, sino enviado a Auchwitz y luego a Dachau, desde donde volvió a su pueblo. Ahí se volvió a casar y tuvo otro hijo. Su medio hermano cuenta que su padre ponía flores, cada domingo, en la tumba donde lo creía enterrado con su madre y los otros miembros de la familia. Murió en 1974. “El no sabía que yo había sobrevivido y yo no sabía que él había sobrevivido”, dice con lágrimas en los ojos.

Escrito por Dominique Dhombres

22.10.07

El adios de Guy Môquet


Es muy simple y familiar… comienza así:


Mi madrecita querida,

Mi hermanito adorado,

Mi papito amado,

¡Voy a morir! Lo que les pido, y en particular a ti mami, es que sean fuertes. Yo lo soy y quiero serlo tanto como los que me precedieron. Claro, habría querido vivir. Pero lo que deseo de todo mi corazón es que mi muerte sirva para algo. No tuve el tiempo de despedirme de Jean. Me despedí de mis hermanos Roger y Rino. Lastimosamente, en cuanto al verdadero no puedo hacerlo. Espero que todas mis cosas te serán enviadas, podrían servirle a Serge, quien seguramente se sentirá orgulloso de llevarlas algún día. A ti papi, si te he causado como a mami, tantas penas, te saludo una última vez. Hice lo mejor que pude para seguir la vía que me trazaste.

Un último adiós a todos mis amigos, a mi hermano que amo tanto. Que estudie mucho para que más tarde sea un hombre.

17 años y medio, mi vida fue corta, pero no lamento otra cosa más que dejarlos. Voy a morir con Tintin, Michels. Mamá, lo que te pido, y quiero que me prometas, es que tengas valor y superes tu pena.

No puedo poner más. Los dejo a todos, todas, a ti mami, Serge, papa, los beso con todo mi corazón de niño. ¡Coraje!

Su Guy que los ama.

Últimos pensamientos: ¡Ustedes los que quedan, sean dignos de nosotros, los 27 que vamos a morir!


(NT: Estas últimas palabras no están, al parecer, en el manuscrito… ignoro por qué razón fueron añadidas: ¿Le habrá pedido a alguien más que lo hiciera? ¿Fueron sus últimas palabras?. En todo caso no contradicen lo que escribió el joven más arriba: “que su muerte sirva para algo”).


El episodio termina así :

El 22 de octubre de 1941, Guy es fusilado, por orden directa de Hitler, junto con 26 otros prisioneros del campo de Châteaubriant como represalia por la muerte de Karl Hotz, un oficial alemán que había sido asesinado por tres resistentes que nada tenía que ver con aquellos prisioneros. En total hubo 47 fusilados, incluyendo los 27 de Châteaubriant. Todos eran presuntos militantes comunistas y fueron escogidos para evitar fusilar a “buenos franceses” (según las palabras de Pierre Pucheau, ministro del interior del gobierno títere de Petain).

Según el abad Moyon –que fue llamado a asistir a las víctimas- los fusilados pidieron no ser vendados y murieron gritando “Vive la France”, sin embargo Guy Môquet se desvaneció antes y fue fusilado en ese estado. Es decir, no fue lo fuerte que hubiera querido, pero eso no le resta méritos porque cuando uno de sus camaradas, el dentista Tanine, trató de interceder por él antes del fusilamiento, Môquet se negó diciendo “soy tan comunista como tú”.

Hay que tener en cuenta que en casa de los Môquet, ser comunista, era natural: Prosper, el padre de Guy, fue diputado de esa tendencia y había sido deportado en 1939 a un campo de concentración francés en Algeria luego de que el partido comunista en Francia fuera abolido por considerarse que había traicionado a la República al oponerse a la guerra (los comunistas vieron la guerra entre Alemania y Francia como una guerra imperialista que iba contra de los intereses de la clase obrera). Es entonces cuando Guy decide integrar las juventudes comunistas con apenas 16 años. Un año más tarde es arrestado en Paris por distribuir volantes clandestinos que hacían un llamado a luchar contra la miseria (no específicamente contra el nazismo). Finalmente es transferido al campo de Châteaubriant a pesar de haber sido absuelto.

En Francia, el 22 de octubre se conmemora, y ahora el presidente Sarkozy dispuso que esta carta de Guy Môquet, uno de los tantos mártires franceses que murieron a manos de los nazis, sea leída cada año en los liceos. Tal disposición ha creado algunas resistencias, principalmente por parte del profesorado y del Partido Socialista. Algún educador dijo por ahí que él enseñaba “historia”, no “patriotismo”. Los socialistas por su lado han denunciado “una instrumentalización” de este hecho por parte del gobierno de Sarkozy. Otros han explicado mejor sus posiciones haciendo ver como éste trata de recuperar el hecho vaciándolo de todo el sentido que le daba la época, con la secreta intención de erigirse en heredero de una línea de patriotas y de volver a una concepción anticuada del rol de la educación. Claro está, hay también quienes han rebatido estas posiciones.

A mí esas tesis me parecen obstinadas si consideramos que en Francia los profesores tienen toda la libertad de hacer la lectura explicando bien todo lo que Guy Môquet defendía y en que contexto aquello ocurría. Por lo demás, esta carta es no solo un documento histórico más, sino también un texto que, se quiera o no, es emotivo y merece ser conocido incluso en Costa Rica, donde a menudo estos hechos nos parecen lejanos y sin relación con nuestro contexto. Sin embargo, ¿Qué habría sido de nosotros si los nazis, que presuntamente torpedearon en 1942 el vapor San Pablo en Puerto Limón (23 trabajadores muertos), hubieran ganado la guerra? ¿No tuvimos acaso un presidente, León Cortés, que era un notorio admirador del fascismo? ¿No fue acaso durante su gobierno que el embajador de Mussolini trató de procesar a Francisco Marín Cañas y a mi abuelo Joaquín García Monge, luego de que el primero publicara en el Repertorio AmericanoLa Abisinia Blanca”, un texto que denunciaba el fascismo italiano? Y no es que Guy Môquet fuera un gran resistente (de hecho no lo era porque los comunistas franceses no entraron en abierta resistencia contra los nazis sino hasta junio del 41, con su agresión a la Unión Soviética) y que por esa razón su carta –tan íntima- deba ser conocida; sino que debe ser conocida porque los viles fusilamientos que acabaron con su vida y con la de otras 46 personas muestran otro aspecto de la ignominia de los nazis y de sus colaboradores franceses. Debe ser conocida porque su sacrificio sí sirvió para algo, lo que equivale a decir que incluso nosotros le debemos algo.

Claro, otro gallo canta cuando esta carta es ridícula e irresponsablemente usada para azuzar el ánimo patriotero de un equipo de rugby.

En fin, Si algún día van por Paris y toman la línea de metro Nº 13, podrán ver que una de las estaciones se llama Guy Môquet… ya sabrán porqué.